Un museo en el aire

Ajenos a los conflictos políticos, los trabajos en el interior de la cueva continúan cada año. :: N. A.

Un museo en el aire

El futuro del centro piloñés sobre el Neandertal es una incógnita después de más de seis años

ANDREA INGUANZO

El hallazgo de dos mandíbulas humanas, allá por el año 1994, ponía en marcha una aventura de investigación que está trayendo cola para el concejo de Piloña. Desde aquel día hasta la actualidad la cueva del Sidrón se ha convertido en uno de los grandes almacenes genéticos del mundo para desvelar el gran misterio de los neandertales. El tesoro arqueológico que escondía el entresuelo de localidad de Borines ha dado pie a diversos estudios y son ya numerosos los misterios revelados gracias a él. Tanta fue su relevancia que, en el año 2005, la por aquel entonces consejera de Cultura, Comunicación Social y Turismo, la piloñesa Ana Rosa Migoya, anunciaba «la puesta en valor del descubrimiento para su difusión y aprovechamiento turístico» con la creación de, según los términos que se utilizaron entonces, «un aula didáctica de los fósiles hallados en la cueva de Piloña».

Muchas han sido las vueltas que ha dado esta idea desde aquel anuncio. Ni el emplazamiento, ni el equipamiento, ni la gestión… Ningún punto se ha librado de discusiones y conflictos entre las distintas administraciones y los diferentes gobiernos.

Pocos meses después del anuncio de la creación del nuevo espacio cultural, la propia Migoya acusaba al alcalde del concejo, en aquella época el popular Juan Roberto Pérez, de llevar a cabo «una total inacción» en relación al futuro centro, a lo que el regidor respondió declarando que «la incompetencia de la consejera es la principal causa del retraso del proyecto», concretando además que «había sido el propio Consistorio el que hizo ver al Gobierno del Principado la necesidad de luchar por un gran museo, porque el yacimiento se lo merece».
Fue entonces cuando comenzó la lucha por determinar cuál sería la mejor ubicación para este equipamiento. La parcela de la cuesta del Pando y la de Picu Viyao, y la finca de Las Huelgas, se postularon desde un principio como principales escenarios del museo. Aunque muchas voces, entre ellas algunas municipales, reivindicaban la idea de ubicar el posible centro en las inmediaciones de la propia cueva y tratar así de no discriminar a los vecinos de Borines, idea que finalmente tuvo que ser descartada ya que los terrenos de la zona no cumplían las características necesarias para albergar la edificación. Finalmente se decidió, con la llegada del PSOE al Ayuntamiento piloñés, que la ubicación final sería la finca de Las Huelgas, propiedad de Cajastur. La finca fue elegida por su emplazamiento clave y su buena comunicación con la N-634 a su paso por Villamayor.

Una vez elegida la ubicación, el problema se focalizó en la cesión de los terrenos por parte de la entidad bancaria, cesión que la empresa hizo de manera gratuita para la construcción del museo, pero que necesitó de la redacción de un convenio que supuso largos meses de retraso. Finalmente la cesión permitía disponer de 15.000 metros cuadrados de ocupación, destinados a la construcción de un edificio de nueva planta que sería, según el alcalde de Piloña en aquel momento, Camilo Montes, «emblemático, llamativo y visible desde la carretera». Se hablaba entonces también del aparcamiento que se habilitaría alrededor de edificio, que albergaría 200 vehículos y 20 autobuses. Espacio de aparcamiento imprescindible para que el museo piloñés pasara a postularse como uno de los principales referentes culturales del Oriente de la región, junto con el Museo del Jurásico de Asturias (Muja). Tras el paso de los años las pretensiones por parte de los piloñeses siguen intactas, pero nunca llegaron a ser una realidad.

Tras las últimas elecciones municipales y regionales, celebradas el pasado 22 de mayo, el Gobierno del Principado cambió de color político. Los aires renovados de Foro Asturias aireaban las arcas regionales y los resultados daban lugar a diversos recortes presupuestarios. Uno de ellos apuntaba de lleno al concejo de Piloña cuando, hace dos semanas días, el nuevo consejero de Cultura, Emilio Marcos Vallaure, anunciaba que el proyecto del Museo del Neandertal sería rechazado por completo «por su alto coste económico». Su posición se ha ido flexibilizando en los últimos días y parece que el Principado estaría dispuesto a buscar una alternativa más económica al proyecto inicial, que estaba valorado en diez millones de euros.

El equipamiento proyectado por el PSOE serviría como lugar de almacenamiento y exposición de los hallazgos del Sidrón, pero también incluía una réplica exacta de la cueva y la representación de los doce hombres neandertales cuyos restos fueron encontrados hasta la fecha en el interior de la gruta. Además, el edificio debería servir, de forma paralela, como espacio polivalente en el que los vecinos pudieran realizar actividades culturales, tales como exposiciones, talleres o charlas. Un proyecto más que ambicioso que ahora ha comenzado a desinflar.

Revulsivo económico

Todo el mundo en Piloña ha soñado alguna vez con los beneficios que este equipamiento podría aportar al concejo. El sector turístico, las asociaciones y los partidos políticos creyeron desde un principio que se trataba de un proyecto «esencial» para el «desarrollo económico del municipio». Y es que han sido tantas las promesas escuchadas en los últimos años sobre el Museo del Neandertal que para muchos es ahora impensable que todo vuelva al punto inicial.

Existe incluso un proyecto sobre el que levantar el edificio. El Gobierno del Principado abrió un concurso de propuestas en junio del 2010 con la idea de elegir el que sería el proyecto final del museo. Las empresas que optaron a este proceso deberían adaptarse a una serie de necesidad que permitieran albergar las diferentes colecciones y mostrar al público la relevancia de los descubrimientos que, desde 1994, se vienen produciendo en esta cavidad. En la resolución de dicho concurso resultó vencedor el proyecto presentado por el arquitecto Pablo Gallego Picard cuyo lema, ‘Cofre’, hacía referencia a las características del edificio principal propuesto en su boceto.

Ahora, con un escenario económico que hace muy difícil invertir en actuaciones de este tipo, los diferentes grupos políticos se responsabilizan unos a otros del retraso que acumula este proyecto, que debería haber estado ejecutado hace años. La alcaldesa socialista, Carmen Barrera, se reunía esta semana con el consejero de Cultura para trasladarle el sentir municipal y el grupo socialista anunciaba la presentación de una proposición no de ley ante la Junta General del Principado para tratar que este proyecto siga adelante. Acciones que han llevado al consejero a valorar la posibilidad de replantear el proyecto original y apostar por un equipamiento más sencillo. Mientras las propuestas, los proyectos y los retrasos se acumulan, el hombre del Sidrón sigue sin encontrar por fin un espacio en el que descansar eternamente.

Fuente: El Comercio 09.10.2011


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